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Libros malditos, textos temibles

5 Julio 2010 views 322 3 Comments

Nuestro colaborador Magno Tiros escribe sobre la exgésis de ciertos libros malditos que han ahondado en simas espeluznantes. Entre ellos el testamento de nuestro querido Dr. Mortis.

Por Magno Tiros

“Ah, que pecado escribir tales palabras…palabras que son claras como el cristal, limpias y musicales como un manantial burbujeante, palabras que resplandecen y destellan como los diamantes emponzoñados de los Médicis. Ah, la perversidad, la condenación desesperada de un alma capaz de fascinar y paralizar a las humanas criaturas con esas palabras que lo mismo las comprende el sabio que el ignorante, con esas palabras que son más preciosas que las joyas, más suaves que la música, más espantosas que la muerte”
Robert W. Chambers – El Signo Amarillo

Un texto temible no es lo mismo que un texto terrorífico. Un relato de Lovecraft, un cómic de Mortis, una historia de fantasmas de MR James asumen el terror como una función, como un efecto estructural de la narración. Si alguien los lee en otra perspectiva no debe temer nada, salvo la pérdida de la experiencia estética del miedo.

Un texto temible, en cambio, es aquel de cuya lectura se espera algún tipo de daño. Por razones culturales, la cuantía y la calidad de dicho daño puede variar. No cabe duda que a lo largo de la historia ciertas personas han temido ciertos textos. De no ser así, no existirían los índices de libros prohibidos, las quemas de volúmenes o la censura, que por lo demás se extiende a otras manifestaciones culturales.

Pero el tipo de daño que temen los censores es de un orden muy calificado. El perjuicio calibrado es en su caso de tipo político, relacionado con la lesión a determinado orden de cosas. La misma se codifica generalmente en términos morales. En este contexto aparece la figura de la corrupción, que, entendida como inmediata en el caso de los individuos (lectores) , se transforma en mediata según afecte a su través al conjunto de la sociedad.


Los textos temibles ( o, deberíamos decir, temidos) históricamente existentes pertenecen en general a dicha categoría. Pero existe otra clase de textos temibles: aquellos libros malditos cuya lectura – se dice- podría acarrear locura y tragedia. Estos textos campean en el ámbito de la ficción, específicamente en la ficción terrorífica. (Y he aquí como el texto temible se transforma en personaje del texto terrorífico)

Lo que podríamos denominar la función dañina de tales textos ficcionales adopta dos formas. Por un lado el libro maldito es reputado como receptáculo de un saber prohibido, de una ciencia nefasta que, de caer en malas manos, podría conllevar efectos catastróficos. El daño así temido es, entonces, mediato. No lo provoca la lectura per se, sino su eventual aplicación.


Pero el libro maldito puede serlo de un modo más radical y constitutivo. En El Signo Amarillo, de Robert W. Chambers, es el hecho de leer considerado en sí mismo lo que acarrea la perdición de los protagonistas. (1)

Hasta cierto punto esta circunstancia se puede relacionar con el concepto de la verdad nefasta, entendiendo por tal un conocimiento que excede la medida humana y cuya posesión resulta letal para el propio poseedor. “No hay en el mundo fortuna mayor” – comienza Lovecraft El Llamado de Cthulhu – “que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares del infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora. ; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan temibles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas” (2)

El ideario que Lovecraft deja entrever en las frases anteriores puede ser denominado oscurantismo. Estructuralmente, el oscurantismo constituye la inversión de la postura presente en algunos textos de Platón, como la alegoría de la caverna, como asimismo en las prácticas de sociedades místicas e iniciáticas de raigambre platónica.

En términos generales, para el platonismo el destino del hombre consiste en elevarse hasta la verdad. La ascética platónica es un camino hacia la luz a través del arte de la reminiscencia. El hombre iluminado es aquel que se hace capaz de recordar lo que le tenían velado la carne y la materia.


En contraposición, en el texto de Lovecraft la luz del conocimiento es declarada “funesta.” El saber maldice a quien pretende alcanzarlo. El recuerdo sería un grito demasiado atroz. Son numerosos los cuentos y los autores de terror que tienen como punto de partida esta premisa, este platonismo inverso. (3) Hablando de Arthur Machen, Rafael Llopis dice que, en sus relatos, el terror no es producido por el advenimiento de un espectro ( o de otra figura del terror gótico, podríamos añadir) sino por “la sospecha de una teofanía” (4) Una experiencia de este tipo, que bien puede ser llamada “pánica” , consiste en la revelación del aspecto terrible o nefasto de lo sagrado, de la sombra de lo divino. Si, en el concepto platónico, el hombre es capaz de elevarse hasta la luz divina porque en el fondo su ser se adecua constitucionalmente a ella, la experiencia pánica, inversamente, es la muestra de una radical inadecuación. La teofanía en sentido pánico puede ser bella, “más preciosa que las joyas”, pero siempre es desgarradora y potencialmente mortal. Desde esta perspectiva, el libro maldito sería el depositario de la verdad nefasta.

Indudablemente, el mas famoso de los libros malditos de ficción es el Necronomicón lovecraftiano. Entre sus antecedentes o precursores figuran tanto textos ficticios, como el Libro Amarillo inventado por Chambers, como otros que existen en la realidad, volúmenes que tratan de doctrinas místicas o temas esotéricos, aunque desde luego no participen de la naturaleza abismal del supuesto engendro de Abdul Alhazred.

Hay un antecedente del Necronomicón que generalmente se pasa por alto, seguramente porque su contenido, considerado globalmente, no es ni terrorífico ni místico. Se trata del Quijote. No hay que olvidar que Cervantes atribuye ficcionalmente su novela a un autor árabe a quien menciona como Cide Hamete Benengeli. Podríamos decir que Alhazred es Benengeli en clave del universo terrorífico de Cthulhu, salvo que Lovecraft nunca propuso al primero como autor de sus propios textos, lo que sí ocurre con Cervantes y su árabe a propósito del Quijote. En este sentido, el Necronomicón opera como un texto no-escrito de Lovecraft, mientras que el Quijote existe realmente, y sólo es apócrifa la atribución de su autoría a Benengeli.

¿Cuál es la verdadera naturaleza del Necronomicón? ¿Se trata de un volumen que alberga saberes peligrosos, o de un libro que maldice a quien lo lee, como el imaginado por Chambers? De lo primero no cabe duda. Se nos ha informado claramente que la entonación adecuada de cierto famoso noveno verso que figura en sus páginas es capaz de “abrir la puerta” a la entidad conocida como Yog- Sothoth y provocar la debacle del universo. De hecho, si en El Horror de Dunwich el doctor Armitage le niega al monstruoso Wilbur Whateley el préstamo del volumen albergado en la Universidad de Miskatonic es porque teme un evento de esa naturaleza.

Afirmar lo segundo sería más temerario. Podemos decir, empero, que se trata de una lectura perturbadora, “demasiado espantosa para la razón y la conciencia” (5), capaz de causar la inestabilidad mental de hombres como el expedicionario Danforth, uno de los pocos individuos “que se ha atrevido a leer por entero” (6) uno de sus ejemplares.

EL TESTAMENTO DE MORTIS

Se ha dicho que el libro negro de Mortis tiene en el cómic de Marino una función de atrezzo, de elemento de utilería. En efecto, se trata de una estructura que conserva su identidad y su continuidad a través de los compartimentos relativamente estancos que constituyen los diferentes relatos. Está presente ya en el primer número de la revista, donde el profesor Matteus lo rescata de las ruinas del castillo de Gruz, guarida de Mortis, al final de la historia. Ahora bien, el relato que ocupa el segundo número es una continuación del anterior, y se titula precisamente El Testamento del Doctor Mortis. La frase de la viñeta inicial de este número – “El fatídico testamento del siniestro Doctor Mortis era la llave de la destrucción total de la humanidad” – repite casi literalmente las palabras que el inspector Bruner pronuncia en la penúltima viñeta del número uno: “Este libro es la llave de la destrucción total del género humano”,estableciendo así una relación de continuidad como pocas otras veces se ve en el ámbito de la ficción mortisiana. En la segunda entrega del cómic, se deja entrever que la posesión ( y consiguiente lectura) del testamento ha causado la enajenación mental de Matteus, quien recibe dictados telepáticos del propio Mortis, los cuales vierte en un jeroglífico semejante a la taquigrafía, en lo que podría interpretarse como una reescritura del libro maldito.

También el testamento asume una función protagónica en el número siete del cómic, Zombies del Doctor Mortis. En esta historia, el eventual poseedor del libro se llama Hans Busch, y es arrastrado tramposamente junto a su novia a un caserón de los Cárpatos. Allí será sacrificado y desangrado en una escena que debe mucho a la similar del filme de la Hammer Dracula Prince of Darkness (Terence Fisher, 1965) Sólo que aquí la sangre del infortunado Busch es derramada directamente sobre el libro negro como una manera de propiciar la resurrección de Mortis. (7)

Cabe recordar que la versión radial de este relato se llama El Testamento del Conde Drácula. Es decir, se nos propone la existencia de un texto maldito de puño y letra del famoso vampiro. Esto parece contradecir hasta cierto punto la imagen de Drácula como un ente prelógico y ágrafo. “ Drácula no escribe, no es capaz de pensar con orden, y eso, como aclara Van Helsing, es su mayor debilidad” (8) ¿Es tan así? Podríamos tomar en cuenta que el monstruo lee (y secuestra) las cartas que escribe su invitado Jonathan Harker durante la estadía del último en el castillo del primero. No sólo eso: Drácula es enteramente capaz de escribir, y de ello da testimonio el propio Harker, (9) Existen tres misivas debidas a Drácula cuyo contenido es hecho explícito en la ficción de Stoker, aunque una de ellas es un telegrama que pertenece a ese escrito de dudosa inclusión que es El Huésped de Drácula. Por medio de éste el conde encarga a un posadero la seguridad de su invitado. Las otras dos – que esta vez forman parte del cuerpo principal de la novela – son, respectivamente, una carta de bienvenida y una nota que el ausente anfitrión deja para Harker a modo de excusa. Otro dato- y no menor- es la nutrida colección de libros que posee el vampiro, la que Harker no dejará de notar y anotar. “En la biblioteca encontré, para mi enorme satisfacción, un gran número de libros ingleses – estanterías repletas de ellos- y volúmenes encuadernados de diarios y revistas. (…) Los libros eran de las más variadas materias: geografía, política, economía, botánica, geología, leyes…” (10)

En todo caso, el contenido del libro negro de Mortis – como el del Necronomicón lovecraftiano – no es revelado jamás en su totalidad. Sólo conocemos atisbos, citas, fragmentos. Se trata de una estética de la elusión, la misma que enmascara, aunque jamás del todo, los monstruos en la sombra. Más que una astucia, constituye una coquetería del horror, de indudable vecindad con el erotismo. Lo que nos provoca es lo que queda en la oscuridad, lo no dicho. Como afirma Bataille, “el crimen se esconde, y lo que de él se nos escapa es lo más horrible. En la noche que propone a nuestro miedo, debemos imaginar lo peor” (11) El horror, como dice Lovecraft que dice el comentarista alemán de Poe, no se permite a sí mismo ser leído.

EL MAL DOCTOR
Las connotaciones culturales y semánticas del término “doctor”, asociado, como sabemos, a Mortis, se relacionan con la autoridad de quien detenta el saber. De ningún modo ajena a tales connotaciones persiste una poderosa carga ética: el sabio es, además y por definición, bueno. En virtud de la clásica identificación entre bien y verdad, la posesión del saber sólo resulta compatible con la idoneidad moral del sujeto. Así es armada y servida la figura del “buen doctor”, un concepto analítico o explicativo en sentido kantiano, donde “bueno” es una nota necesaria y constitutiva de tal figura.

En un personaje como Mortis es posible advertir la subversión o bien la parodia de dichos términos. Podríamos remitirnos a una imagen como la del doctor Frankenstein, precursor del aspecto “científico” del polimorfo monstruo de Marino. Pero más allá de ello, y dejando también de considerar que Frankenstein, tal y como lo retrata Mary Shelley, dista aún de ser un ente de pura maldad, lo que encontramos en Mortis es la misma estructura especular o inversa que hemos predicado de la verdad nefasta con respecto de la verdad en sentido platónico. Si desde Frankenstein en adelante todos los “sabios locos” – empezando por el aún benigno “profesor chiflado” – , constituyen ya una desviación del modelo, Mortis se sitúa en el extremo opuesto de la recta. Se entroniza con él la imagen del “sabio maldito”, enteramente homologable a la del libro o texto maldito, del cual perfecta y armoniosamente puede y suele ser el autor.

NOTAS:

(1) De esta forma el libro se transforma en una suerte de “fetiche negro”, hasta extremos tan grotescos – o tan propios de una pesadilla animista – como los del relato El Pergamino Terrible, de Manly Wade Wellman, donde el volumen es materialmente peligroso, al modo de una bestia. Mientras que en el cuento La Víbora, de Fred Chappell, el libro de Alhazred es vector de un contagio semejante al de un virus, el que disuelve la estructura de otros textos, asimilándola a la suya propia.

(2) HP Lovecraft. El Llamado de Cthulhu En El Color que Cayó del Cielo. Minotauro, Buenos Aires, 1974. . Traducción de Ricardo Gosseyn. Pág. 15

(3) Sobre este punto puede consultarse el texto Platonismo y Cuento de Terror, de Patricio Alfonso, en www.ciclopeakadath.wordpress.com o bien en www.angelfire.com/zine/cas/liga1.html

(4) Rafael Llopis. Antología de Cuentos de Terror.Alianza Editorial, Madrid, 2004.Vol. III.Pág. 8.

(5) HP Lovecraft El Ceremonial En Los Mitos de Cthulhu, Alianza Editorial, Madrid,1993. Traducción de Francisco Torres Oliver. Pág.167

(6) HP Lovecraft En las Montañas de la Locura. En El Color del Cielo Ob. cit. Pág 260

(7) Es decir, el libro pasa de texto temible a objeto temible. Se trata, una vez mas, de un proceso de fetichización.

(8) Noel Zanquín Subirats. Apéndice a Drácula, de Bram Stoker. Ediciones Generales Anaya. Madrid, 1984. Pág. 391.

(9) “(…) me senté en silencio a leer un libro, mientras el Conde escribía varias notas para las que fue consultando algunos de los volúmenes que tenía sobre la mesa. Después tomo mis dos cartas, las unió a las suyas y recogió sus útiles de escritura” Bram Stoker Drácula. Valdemar, Madrid, 2005. Traducción de Óscar Palmer Yánez. Pag. 104.

(10) Bram Stoker Drácula Ob. cit. Pág. 84.

(11) Georges Bataille El Verdadero Barba – Azul (La Tragedia de Gilles de Rais) Tusquets Editores, Barcelona, 1983.Traducción de Carlos Manzano. Pág. 31.

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3 Comments »

  • John Toro said:

    Magnífico ensayo, digno de publicarse en ambos lados del sepulcro, sabio Cófrade Magno Tiros. Vuestra interpretación de la Abominable y Potente Majestad Dantesca en los Textos Prohibidos y Malditos merece un gran aplauso. Desde el punto de vista estético, terrorífico y fantástico, es un gran aporte este trabajo, dilecto y erudito Cófrade. Gracias Mil por tan generoso trabajo en aras de la virtud mortisiana y oscura.

    In Nomine Mortis.

  • Marco Jaña V said:

    El contrasentido del Testamento del Doctor Mortis – que en un principio fué causa de muerte para quienes tuvieron “la desgracia” de poseerlo Barberis,Matteus,Zorkas,Busch – Ha servido de grán ayuda para entender la omnipresencia de Mortis en el mundo.

    Los hombres del Signo han debido indagar en libros blasfemos para enfrentarse o iniciar su lucha contra El Eterno. El Maestro y Mentor del Padre Libby – El Padre Kosma – tuvo en sus manos ” El Libro de las Tinieblas ” de Amúlida Taúc,para desentrañar el misterio de las descabezadas,junto a sus colaboradores. Nuestro querido ( y odiado )Hans Libby, quién tuvo que léer el ” Libro Negro ” e incluso debió interiorizar sus conocimientos en mitología comparada y demonología, para la batalla contra su archienemigo leyendo el abominable ” Malleus Maleficarum ” .

    El malogrado sacerdote del pueblo de Kirtia : Max Oistrak,estudiaba magia negra y tenía en su poder el codiciado Testamento de Mortis.
    Sobre ésto Monseñor Ernst Sommers relató acerca de su discípulo : ” Estaba con el Incunable en sus manos y me dijo Mirándome a los ojos : Está escrito de puño y Letra de ese maléfico ser “.

    ¿ Macabra paradója o simple casualidad ? ¿ Cuál es tu opinión mi querido John ?

    In Nomine Mortis
    T.A. Susta

  • Magno Tiros said:

    Sobre la cuestión propuesta por Marco,y en espera de la respuesta sin duda esclarecedora de Sir John, se me ocurren tres maneras de aproximación al problema. Los mismos se constituyen en campos de verdad distintos, por lo que no son necesariamente excluyentes.

    1) El testamento es un recurso narrativo, una astucia del texto que permite exponer contenidos y secundariamente catalizar la acción. De allí su persistente presencia en los relatos.

    2)En términos bélicos, y desde el punto de vista del padre Libby, el testamento es un documento del enemigo, cuya captura resulta muy valiosa. Ello no quita el valor que en su momento ha debido tener para el propio enemigo, como puede ser en otro caso el plano de un arma secreta.

    3) En términos más bien freudianos – y también borgeanos, ya que Borges lo propone explícitamente en uno de sus textos – se podría decir que los monstruos desean (más o menos secretamente) ser destruidos, y que colaboran (más o menos secretamente) con sus destructores. Por supuesto, en que medida este aserto es aplicable a Mortis vendría a ser tema y objeto de otra discusión.

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