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El Siniestro Dr. Mortis 16

1 Octubre 2007 views 586 21 Comments

“La Mascarilla del Dr. Mortis”

Editorial Zig Zag
(Edición en color)
Guión: Juan Marino
Portada: Roberto Tapia
Dibujos: Roberto Tapia
por Carlos Reyes G.


Resumen: El Parapsicólogo, Dr. Magruder contrata a Bert Corradi, un hábil ladrón de objetos de arte para que sustraiga del museo de Londres, la mascarilla del Dr. Mortis.

Después de las 24 horas prescritas, Corradi no aparece y Magruder decide visitar la pensión en que vive. Junto a la patrona descubren el cadáver del ladrón con el rostro sin músculos ni carne.

Magruder guarda la mascarilla y se va, pero para evitar sospechas, vuelve a presentarse en el lugar de los hechos. La policía cree que un poderoso ácido ha corroído el rostro de Corradi y Magruder es interrogado por el Tte. Johnson.

El parapsicólogo recibe la visita de Franz Kruger, quien se había enterado por el propio Corradi de que Magruder estaba interesado en el maldito objeto y viene a prevenirlo, pues su propio hermano, quién ha sido víctima de la mascarilla, ya no se encuentra en su sepulcro.

Kruger cree que la mascarilla se nutre de sus víctimas para volver a la vida. Magruder hace seguir a la Kruger por su criado Jean, pero éste lo sorprende y le pide que vele por su amo destruyéndola la mascarilla.

El cadáver sin rostro de Corradi vuelve a la vida y escapa asesinando al auxiliar del forense. Mata también a un policía que lo sorprende entrando subrepticiamente en la casa de Magruder.

Jean, el criado, cree escuchar ruidos en el gabinete y baja a investigar. Es seducido por la mascarilla y al ponérsela, ésta devora su rostro. Magruder descubre el cadáver, pero la mascarilla ha desaparecido.

Kruger aparece en escena. Magruder confiesa que deseaba la mascarilla desde que se enteró de su existencia a través del libro del Dr. Mortis. Kruger traduce una cita del libro escrita en la extinta lengua del pueblo de los Petcheneros, que habitaran lo que hoy es Bulgaria: “Volverás. Aquellos que pongan tu cara sobre sus caras, serán tu alimento, Mortis”.

Kruger le pide a Magruder que busque la mascarilla y huya antes de que se lo acuse de los asesinatos y luego sale en busca del cadáver del policía que ha visto en la calle.

Magruder se dirige a su laboratorio y descubre la mascarilla, que ahora posee manos descarnadas y flota en el aire como si tuviese un cuerpo invisible. Kruger usa un crucifijo contra los zombies de Jean y Corradi que lo atacan y acude a los gritos de Magruder que ya es un nuevo zombie sin rostro. Kruger arroja un frasco de vitriolo, un poderoso corrosivo, a la mascarilla que comienza a deshacerse.

El hombre se desmaya y despierta en el hospital. El Tte. Johnson sostiene la tesis de que Magruder era el asesino, pero le intriga el que se haya atacado a sí mismo con vitriolo. Kruger prefiere callar la verdad ante el incrédulo policía.

Portada del Nº 16 del Dr. Mortis

“Esta completa guía de episodios de las historietas de Mortis es un adelanto del estudio de Carlos Reyes G.: “El Testamento de Mortis”. Volumen de pronta publicación y que aborda la historia del mítico personaje de Juan Marino. Adelantamos aquí estos fragmentos con permiso de su autor”.

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21 Comments »

  • John Toro said:

    Esta historieta ha sido desde siempre una de mis favoritas de la primera etapa del Siniestro Doctor Mortis. Vemos en ella como la Maldad absoluta, aparentemente confinada a un mero recuerdo o reliquia y reducida a un mero ornato, va demostrando la aterradora eficacia de Mortis al transferir su espíritu oscuro a una de sus posesiones mortales, exhibiendo tanto sus poderes como su carácter maligno superior. El ritmo del relato va recorriendo una carrera vertiginosa de “horrores, sangre y muerte”, desde la polvorienta habitación de Bert Corradi, pasando a la reanimación del Zombie en la morgue, el ataque del desprevenido policía en las rejas de la casa de Magruder, el sangriento festín que la mascarilla disfruta en la persona de Jean, hasta la captura de Magruder y el enfrentamiento final de Kruger y Mortis. Vemos revivir la tradición de los petcheneros, enemigos de Mortis desde los tiempos inmemoriales de Amúlida Tauc, en el libro que marca fatídicamente la vida y no-muerte de Magruder, traducido por Kruger. El alemán parece convertirse en una especie de antecedente o modelo del acérrimo enemigo de Mortis, el padre Libby, tanto por su erudición como por su acción directa de combatir su maldad, usando tanto las armas de la fe como la ciencia (el ácido). En esta historia vemos cómo el triunfo final del bien debe contrapesarse con el fracaso de Kruger al no poder preservar la vida del infortunado Magruder, uno más de los sacrificios y sirvientes de la mascarilla. La escena de la biblioteca, donde la mascarilla exhibe sus zarpas (evidencia de la progresiva reconstrucción de Mortis), es tan impresionante como el perturbador cambio de expresiones del monstruo, desde el hambre más feroz a la más diabólica de las alegrías al saciarse. En la versión escrita de esta historieta, presentada en el Tomo segundo de “Las Memorias del Doctor Mortis”, se profundiza un poco más en el mito de la mascarilla. En ese relato escrito se revela que Otto, el hermano de Franz Kruger, era tanto sacerdote católico como investigador de lo sobrenatural (Franz niega que fuera ocultista a Magruder al referir su historia). Otro detalle es la génesis de la mascarilla, que en el texto se asocia con los templarios y la adoración de éstos a Bafomet, explicando Franz a Magruder que la mascarilla fue confeccionada con el paño púrpura que cubría en algunas ceremonias la estatuilla del dios-demonio, lo que explicaría la energía diabólica presente en ella. Se habla de Bafomet, no de Mortis, al aludir al espíritu que vive en ella, también denominándolo “el dios del rostro” o “el dios del rostro del hambre”. Jean, el mucamo de Magruder, es un simple fámulo sin conocimientos ocultistas (en la historieta es un medium) que no cree en los poderes de las tinieblas (eso hace más cruel su muerte, me parece). En el clímax del relato, Franz Kruger no rompe un estante para sacar una providencial botella de ácido (como en el cómic), sino que saca de sus ropas un arma que había preparado después de estar en el Museo Británico, la Biblioteca de Londres y la Abadía (Westminster), mientras Jean lo seguía: un frasco en forma de cruz que contenía ácido, cuya forma debilitaba los poderes del demonio y cuyo contenido destruyó la materia de la mascarilla. Otro elemento distinto era el enfrentamiento final entre Kruger y la mascarilla, porque mientras en la historieta el alemán contenía con la cruz al monstruo y al zombie Magruder, en el relato escrito todos los zombies lo rodeaban tras obstaculizar las posibles vías de escape (Corradi, Jean y Magruder). Ambas versiones, creadas por la pluma de don Juan Marino, se complementan parea dar dos perspectivas interesantes de un mismo horror producto del mundo tenebroso de Mortis.

    Gracias, estimado Carlos Reyes, estaba esperando hace largo tiempo esta reseña. Como siempre, has sabido condensar la materia blasfema de Mortis con justicia y respeto.

    In Nomine Mortis, Cófrades…

  • ´María Verónica said:

    Señor Toro, soy María Véronica, visitante de este sitio desde hace una quincena. Grata ha sido mi sorpresa al leer sus completas opiniones y aportes a la web. Esperaré el momento de bajar la revista que lleva el Nº 16 para aportar algún comentario si es que cabe, pero mi interés principal es felicitarlo por lo completísimo de sus alusiones varias. Vaya para usted el deseo que el conocimiento que posee permanezca iluminado. Afectuosamnente

  • John Toro said:

    Estimada María Verónica:

    Su amabilidad es un verdadero tesoro para un viejo conocedor de horrores como yo, por lo cual redoblaré mis esfuerzos por entregar mis mejores aportes a esta verdadera comunidad creada en torno al maléfico y genial Doctor Mortis, además de esperar con sumo interés los comentarios que usted promete para que el conocimiento, que usted tan gentilmente me atribuye (y que es superado por varios de los sabios Cófrades) pueda ser enriquecido por la comprensión y visión que usted tiene acerca de este peligroso e interesante mundo narrativo, porque del encuentro y diálogo de los Cófrades de Mortis (entre quienes la incluyo a usted, respetuosa y afectuosamente), la hueste de admiradores de don Juan Marino, del Doctor Mortis, del Terror y de la Fantasía, todos hemos resultados iluminados. Quedo agradablemente en deuda con usted, gentil María Verónica, así que desde ya le envío mis mejores deseos de dicha y fortuna.

    Atentamente,

  • Barón de Stroim said:

    Máscaras y terror:

    Varias veces las máscaras han servido como tema a diversas expresiones del terror moderno, por ejemplo:

    1. “Vampiro, La Mascarada” de White Wolf: rol, intriga, sangre, antediluvianos y máscaras dentro de máscaras (perversos engaños y juegos de los inmortales).
    2. “Las Máscaras de Nyarlatothep” del juego de rol “La LLamada de Chtulhu”(grandes misterios tras el oscuro dios primigenio de Lovecraft).
    3. “La Máscara de la Mandrágora” de la serie “Doctor Misterio” (Doctor Who, BBC), una intriga renacentista y un poder maligno sobrehumano cada 500 años.
    4. Larva, el siniestro-gentil guardián encapuchado de Miyu, la hermosa princesa vampiro del Animé “Vampire Princess Miyu”.

    Descansen en paz, Cofrades estimados…

  • Magno Tiros said:

    La máscara puede ser, como el monstruo, la forma de un espanto que de otro modo no podría tener forma ninguna. Pienso en la Máscara de la Muerte Roja, de Poe, una historia que es el avatar de la ruina y destrucción- en este caso por la peste, por la enfermedad- en otras palabras del fin de la forma, emblematizado por el mismo Poe de otro modo (con otra máscara) en la magnífica hiostoria de la Casa Usher. (…) El capitán Ahab en Moby Dick pronuncia la tremenda frase “Yo golpeo a través de la mascara”. Se refiere. por supuesto, al cachalote blanco que para él representa o encarna (es decir, enmascara) lo ominoso que esta detrás del mundo, como los tremebundos y amorfos terrores lovecraftianos. Pero quizá el maximo terror sea, por contraposición y en el límite, el terror de la nada, impensable e irrepresentable por otra cosa que no sea un máscara. En EL Loco, Khalil Gibran habla de los diferentes yoes del alma, que son sus máscaras. La última de ellas se sitúa “mirando la nada, que está detrás de todas las cosas”

  • Anarkángel said:

    Tengo entendido que en la serie de televisión que se emitió en 1973, Juan Marino aparecia interpretando a Mortis con una máscara en el rostro. Como se sabe, el Maestro siempre consideró que lo mejor era que su voz no fuese asociada a un rostro, de manera que cada persona visualizara a Mortis a su manera.

  • María Verónica said:

    Amigos y amigas, efectivamente como dice Anarkángel cada uno percibe el horror de manera diferente y pienso que fue una buena idea presentar a este ubicuo narrador cubierto con una máscara en la serie de TV de 1973. Tal vez su voz, su macabra risa y su forma de contar una historia es tan poderosa que se podría correr un riesgo presentando un esterotipo que quizás no para todos resultara tan horrible como significaba el escucharlo.

  • John Toro said:

    Estimados Cófrades:

    Recuerdo que hace años supe de aquella versión televisiva de las historias del siniestro Doctor Mortis, al leer el prólogo de “Las Memorias del Doctor Mortis”, donde se aludía a esta incursión del Maestro de forma más bien escueta. Como dice Anarkángel en su comentario, era muy propio de Don Juan Marino el mantener el misterio y suspenso gravitando sobre el personaje y sus relatos, ya que cada espectador o admirador de su obra ha creado sus propias imágenes, su propio marco de referencias al articular en su propia imaginación las ficciones del Señor de la Muerte, conformando así una relación íntima entre esta excelente producción de lo terrorífico-fantástico y las emociones sugeridas por tales visiones del Más Allá. Cada sugerencia, cada elemento percibido a medias, cada oscuridad elaboran infinitas posibilidades que el radioescucha percibe e interpreta, apropiándose de cierta fracción de este cosmos siniestro y formando él mismo parte de aquella realidad ficticia, como un testigo o incluso un personaje más de esta verdadera “Danza Macabra” (como dirían en la Edad Media de los triunfos de Mortis). Por ello, gracias a la magia de la propia fantasía y de la incomparable imaginación de Don Juan Marino, los Cófrades formamos parte de este reino oscuro, somos sus habitantes y nos convertimos en recreadores de sus misterios, al darles nuestras propias semblanzas y apariencias, incorporando nuestras propias claves, nuestras ideas y nuestros símbolos.

    Como todo misterio, Mortis es una interrupción del orden cotidiano de la vida, una instancia donde los seres humanos somos arrancados del mundo de lo familiar al mundo de lo desconocido, el “Mundo de la Aventura” que era referido por Wladimir Propp en “La Morfología del Cuento”. Este misterio tiene como uno de sus roles poner a prueba a los mortales, constituyéndose en una especie de Némesis de la Humanidad, un adversario de la vida y emisario de las fuerzas de lo desconocido, cuyo fin es devorar a la creación. Los personajes y espectadores deben descifrar sus arcanos, revelar sus secretos, configurándose en “héroes” o “heroínas”(reales unos, ficticios otros) frente a las pruebas, atentos a las claves y listos a responder con sus fortalezas físicas, mentales y espirituales. El éxito o fracaso de los adversarios y enemigos de Mortis tiene como eco la aprobación o disgusto de los espectadores (oyentes o lectores) respecto al desenlace respectivo de cada historia. Mortis es un misterio peligrosamente mortal y cercano a la Humanidad, al estar corporizado de forma más o menos humana, poseyendo muchos de sus atributos y debilidades, erigiéndose como una potencia eterna y maligna, victoriosa la mayoría de las veces, ansiosa de cobrar su tributo de almas, sangre y horror. Ello le da su realidad sobrehumana, como un perverso dios hambriento de sacrificios, una fuerza consumidora que posee el don de lo inefable, lo desconocido, lo misterioso. La lejanía de Mortis de una figura o identidad definida, su inexistente correspondencia total con una imagen real, concreta, le da ribetes extrahumanos cuya verdad se reconoce como inaccesible a los humanos. La clave de Mortis es el misterio insondable, del cual ciertas claves se desprenden, haciéndolo en ocasiones aún más incomprensible: un Nombre (reflejo y portador de su esencia, de ahí la imposibilidad de librarse de él en sus infinitas encarnaciones), ciertas frases crípticas (“fui, soy y seré la Muerte”),un cruel sentido del humor, una inteligencia y poderes prácticamente divinos, por mencionar algunos.

    La posibilidad que plantea María Verónica es uno de los hitos más importantes del verdadero relato fantástico, como teorizara mucho tiempo atrás el genial Howard Phillips Lovecraft en su oscura Providence. Lo verdaderamente siniestro es el no saber, en vislumbrar apenas una fracción de lo monstruoso, como si aquella fuerza invasora de lo real, reflejo de otros mundos y dimensiones apenas soñadas o temidas, fuera tan disruptora que, de revelarse de forma mayor o íntegra, podría corromper o anular nuestra tan conocida realidad material, euclidiana, racional y limitante, contaminando la mente en la locura, absurdo y en el terror a lo desconocido (“Pánico”). Efectivamente, estimada María Verónica, el error de usar estereotipos es que convierte el terror en parodia, lo siniestro se convierte en simulacro o caricatura, perdiendo su verdadera potencia. Ver con los ojos de la mente, sentir y entrever a los horrores y demonios que acechan en cada rincón oscuro, sin tener idea precisa de su verdadera forma o naturaleza, crea un vértigo, un sentimiento de indefensión e inferioridad en nuestro raciocinio que facilita la suspensión de la incredulidad y de la lejana seguridad del espectador descomprometido, aceptando las reglas y fenómenos del reino del Doctor Mortis. Ello se aplica tanto a las realidades literarias del relato fantástico como a la entrega de estas nartrraciones. Por ello el recurso de la máscara es tan importante, al anular lo aparente y superficial, para invadir la propia mente con aquella conjunción de realidades superpuestas y complementarias.

    La máscara es en sí otra realidad, una puerta a otra esfera de la mente humana, que se libera o reacomoda gracias al oscurecimiento de “lo real” (el rostro del actor, del lector, del autor) en favor de lo misterioso. Las verdaderas abominaciones, la horripilancia más tenebrosa, quedan atrapadas en la esfera de lo humano y desvirtuadas como remedos de creación, al conferirles una expresión estereotipada (lugares comunes). Tras el velo de lo inefable, el terror se fortalece aún más. “Su voz, su macabra risa y su forma de contar una historia”, en esta frase, estimada María Verónica, has retratado fielmente una parte central del alma y del arte de don Juan Marino, además de enunciar los ejes que sustentan su verosimilitud, desde la expresión hasta la forma como podía vincular a su público con su obra. Realmente, era un riesgo que podría debilitar la verdadera magia del Doctor Mortis.

    Atentamente,

  • Barón de Stroim said:

    Respetados y estimados Cófrades:

    No olvidemos, en esto de las máscaras y de los terrores apenas descritos, vagamente expresados pero siempre mortíferos e inevitablemente enloquecedores y corruptores, al gran Robert W. Chambers y a su maravilloso “Rey Amarillo”, precursor de muchos de los horrores narrados por el “Círculo de Chtulhu”. Muchas veces imaginé qué horrores y portentos se escondían tras el arruinado manto de la maligna presencia en “El Signo Amarillo”, pero el riesgo de dañar o destruir mi envoltura carnal humana (además del subsecuente trabajo de repararla o reemplazarlo, que además de incómodo y sangriento es algo engorroso en términos rituales) me hizo dedicarme al ejercicio imaginario antes de la sufrir la experiencia de primera mano. También podemos citar a muchas de las potencias y monstruosidades lovecraftianas y chtulhianas que utilizaron la incómoda máscara de la humanidad para poder cumplir sus innombrables designios, pero prefiero recordar a mis favoritas: el Mi-go de “El Que Susurraba en la Oscuridad”, el hechicero alienígena que ocupaba el cuerpo de Randolph Carter, los Profundos de Insmmouth (piadosamente liberados de las ataduras humanas por su atavismo), el oscuro Nyarlatothep el Destructor poseyendo el cuerpo de un arqueólogo-científico nuclear, el verdadero aspecto desconocido de los Perros de Tíndalos, además de los maravillosos engendros larvarios-humanos del cuento “El Ceremonial”. Les pido que compartan sus simpatías hacia estas grandiosas criaturas, ya que el peso de mantener una forma humana y conductas aceptables por los mortales es una tarea titánica, ingrata y a menudo desagradable para quienes hemos decidido convivir con los seres humanos, a pesar de las alegrías y curiosidades que ustedes, queridos mortales, nos deparan constantemente. Llevar la máscara de la HUmanidad es una tarea que solamente el Maestro parece llevar a cabo de buena gana, aunque muchas veces prefiere librarse de tales atavíos a la hora de descansar en su cómodo refugio, cuidado por algún Cófrade o Hijo afortunado. En tales circunstancias deja sus apariencias de manos y cabeza humanos cerca de su féretro, junto a sus ropas humanas cuidadosamente dobladas, mientras su forma invisible e inhumana reposa lejos de los ojos de los humanos.

    Descansen en paz, In Nomine Mortis…

  • María Verónica said:

    Para los amigos que les interese descargar archivos, tengo El Siniestro Doctor Mortis 1 y 2. Agradeceré me señalen si es de interés.

  • Magno Tiros said:

    Sinduda, son excelentes los ejemplos aportados por el Barón de Stoim acerca del uso de las máscaras en la literatura de terror. Con respecto al inolvidablemente atmosférico relato “EL Ceremonial”, de Lovecraft, me complace detenerme en el pasaje donde el narrador empieza a sospechar que el rostro de su anfitrión es precisamente una máscara de cera. Con el añadido de que cuando el mismo le presenta como prueba de su identidad un reloj de su pertenencia, nuestro protagonista no puede dejar de recordar que aquella antigua pieza había sido enterrada junto con uno sus propios antepasados.

  • Barón de Stroim said:

    Citas de Franz Kruger, detective particular y adversario del Maestro:
    “Los seres humanos siempre han deificado primero al Mal, luego al Bien, Magruder.”

    “No pretendo darle una lección de historia, Magruder, pero cuando los Templarios rompieron con la Iglesia se entregaron a prácticas diabólicas, en la adoración de un ídolo que representaba al Demonio y que era conocido como Bafomet. De esa época oscura data esa Mascarilla, ya que el paño púrpura con el cual ellos cubrían a dicho ídolo en algunas ceremonias ocultas, es el material del cual fue confeccionada dicha Mascarilla. Con el tiempo, fue conocido como el Dios del Rostro del Mal, y seguramente parte del espíritu demoníaco de Bafomet fue traspasado a esa Mascarilla… Ahora ha vuelto, para recordar al mundo que el Dios del Rostro del Mal no ha muerto, para amenazar nuevameta las vidas y las almas de los hombres.”

    “¡Liebbe Gott!¡El mucamo de Magruder!¡Un “zombie”!”

    “¿Era mi hermano Otto un ocultista?¡No! Era un sacerdote católico. Interesado en descubrir la verdad acerca del misterio de la Mascarilla, logró adquirirla y la llevó a su hogar. Cierta mañana le encontré muerto en su estudio, con el rostro carcomido, corroído por algo desconocido. La Mascarilla había desaparecido de casa de Otto,sin dejar el menor rastro. Tiempo después de su funeral, al que asistió una gran muchedumbre, descubrí que su cuerpo había desaparecido de su sepulcro, el que encontré profanado y abierto, pero lo aterrador era que había sido forzado desde adentro.”

  • fonzeta said:

    Estimado John Toro:
    espero que estes disfrutando de buena salud y con una excelente lucidez que demuestras a traves de los articulos con obsequias a los cofrades. Al parecer a cada cofrade le llega su momento de reflexion a traves de alguna significativa historia del Doctor y este es tu momento. Me permitiria decir que tu “relato-fetiche” gira a traves de la mascara, como en un momento de mi vida lo fue Ariadna Daemos. Me atreveria a enviar una leve critica: algo flojea en tu pluma al no permitirte elaborar un ensayo mas detenido sobre el relato, talvez una parsimonia te retiene adentrarte en el mundo del Doctor -singularmente ausente dentro del contexto del relato-, y en donde una mascara se desenvuelve como protagonista, jugando a recrear un mundo dentro de otro mundo. ¿Esta presente la figura del Doctor en todo este asunto? Sin dudas y sin embargo su presencia nuevamente se ve sutil, atmosferica, siendo desplazada por un elemento totalmente humano como una mascara. La mascara nos recuerda el ritual cotidiano de la forma en que nos presentamos. Fue C.G. Jung quien nos definio la mascara como un elemento de nuestra psiquis que nos defiende, protege y nos da identidad en el mundo social. Nos presentamos a los demas con ella puesta para ser reconocidos y al mismo tiempo recibimos de ella rol y status, y al mismo tiempo atesora internamente la sombra de lo oculto de nos. Si lo aceptamos ¿quien esta detras de la mascara? o mejor aun ¿quien fue el que la poseyo y ahora necesita absorver identidades para reconstruirse? No niego que resulta tentador pensar que aqui se mezcla el tema del vampirismo y el canibalismo en sus mas elementales rituales.
    La mascara vuelve al viejo ritmo de la creacion a traves de la muerte: Me recuerda al dios Shiva, señor de la muerte, que destruye mundos por medio de la danza para que estos vuelva a recrearse nuevamente y no hay que olvidar en el Bagavat-gita: “mirame, oh Arjuna, ahora me he convertido en muerte, destructor de mundos … que trae el renacer en eternas reencarnaciones”. No resulta extraño el proceder de tal mascara que se nutre de vidas para recearlas en su nuevo mundo. La vida que se sacrifica se une a esta mascara para que se vuelva a reconstruir como se percibe hacia el final, en donde es capaz de manifestar un cuerpo invisible del cual comenzamos a mirar manos concretas. ¿Sera el Doctor? Sin embargo su presencia es muy remota en esta historia demostrando debilidad para tomar contacto, su proceso de humanizacion es aun remoto, entonces ¿quien fue el poseedor de la mascara y que ahora comienza a levantarse?
    Se vuelve a mencionar a un conocido pueblo que al parecer tuvo contacto con el demiurgio: los petchenagos. Fueron en sus inicios un pueblo que se volco al mar e hicieron de su profesion la pirateria, Mas tarde el viejo Imperio Bizantino los acomodo y se convirtieron en un pueblo de antiguos narradores y escrivas, cuyo legado permitio conocer al Imperio. Tal vez impulsados por su cultura eslava se dierona investigar y rodearse de los mitos y leyendas. Me gustaria aventurarme en una serie de puntos:

    1.Los petchenegos por su razon cultural eslava creian que firmemente que la expresion de los dioses era a traves de los sacrificios humanos para la renovacion de los ciclos de la naturaleza. En dichos rituales las mascaras eran fundamentales, mediante el cual los druidas hablaban por los demiurgios -un metodo ideal que habria elegido el Doctor para manifestarse-.
    2.En su calidad de escribas y tambien en proto-historiadores, habrian dejado un legado escrito de las revelaciones recibidas , en lagun momento, lo cual nos llevaria a pensar que uno de ellos pudo haber sido el famoso “testamento del Doctor Mortis” y que con el pasar de las edades el verdadero autor fue absorvido por Doctor.
    3.Entonces ¿quien fue Amulida tuac? Creo que no fue una sola persona concreta, lo mas probable es que haya sido un anagrama que oculto a un grupo de conocedores del Doctor, en sus primeras manifestaciones, que trataron de reunir todo lo que se sabia de El. La imagen venerada de Amulida Tuac es mas del tipo de anciano quimista del medioevo occidental, que nos aleja del verdadero que se pudo asemejar a los arcaicos druidas.
    4.Supieron de la mascara, pero lo mas probable es que sabian quien la portaba, lo conocieron muy bien si pudieron escribir relatos en documentos escritos. Tambien, lo mas probable, es que lograron con ayuda de druidas de otros pueblos exorcizarlo y destruirlo, dejando solo una mascara como trofeo de tal hazaña y no se dejaron engañar por ella.
    5.El origen de la mascara parece reforzarse por el acto de canibalismo muy comun en los antiguos pueblos eslavos, mediante el cual se devoraba la carne para absorver el espiritu, y beber la sangre para la continuidad de la vida.

    Sin dudas esta historia vuelve a recrear posibles pistas del origen del Doctor que seria interesante investigar y en la cual no dudo que tu pluma daria frutos adecuados, mi estimado cofrade John.
    Resulta singular que la destruccion de la mascara resulta premonitoria: es por medio de un elemento de la ciencia moderna que sera derrotada (el vitroleo) y que mas adelante el doctor resultara vencido al final por la misma tecnologia cientifica que tanto le gustaba utilizar.
    Te dejo estas lineas y espero volver a la carga con otros circunloquios del mundo del Doctor.
    Se despide atte
    Cofrade Fonzeta

  • John Toro said:

    Estimado Fonzeta:

    En primer lugar, agradezco tu mensaje y tu valiosa crítica respecto de “mi pluma”, que ha estado algo errática sobre esta historia(tomaré nota y veré si puedo llegar al punto que me señalas). Hace tiempo que la Mascarilla del Doctor Mortis ha sido uno de mis relatos más queridos, ya que de niño la devoré con tanta fruición como ella a Corradi, Magruder y Jean. Noto en tu investigación arqueológica-literaria un profesionalismo de exégeta y el entusiasmo del Cófrade verdadero que postula atrevidas teorías acerca del Maestro, su Mascarilla y Amúlida Taúc el petchenero, ya que del asunto central del relato empiezas a enunciar una hipótesis en ciernes, que siendo orientada a la naturaleza extrahumana del Maestro puede llevarte a interesantes teorías. El peso de tus argumentos, que incluyen al maestro Jung,te lleva a reforzar tu vieja y sabia interpretación de Mortis a partir de su relación enclítica con nosotros, los mortales, como su alimento y sentido de existencia (como un dios primigenio lovecraftiano, un poder elemental, o un demiurgo), además de reconocer sus principios: la vacuidad (el hambre y la sed de vida), la metempsicosis (la transferencia espiritual a su fetiche, como un demoníaco doppleganger), la regeneración proteíca, la imagen prometeica (dios caído, iluminador, inferior).

    De mi lectura de tus reflexiones deduzco que estás muy cerca de enunciar la naturaleza arquetípica de Mortis, el componente de Inconsciente Colectivo (que nos limita, reúne y trasciende) que te llevará a reconocerlo como Principio, a pesar de los velos que la ficción, el mito y el rito le han otorgado. Así como se ha especulado sobre la verdadera existencia del auténtico Necronomicón, intuyo y leo entre líneas que tienes cierto sentido definido en tus investigaciones, que te están conduciendo a revelar el SIGNO del Maestro como VERDAD. Buena caza, estimado amigo.

    La Máscara ha sido una imagen, un símbolo que Occidente ha adquirido gracias al legado clásico. Del griego, el “carácter”, la “máscara” usada por los actores griegos, hemos llegado al concepto de la conducta, la psicología patente, la evidencia del mundo interior. La Máscara nace con el Teatro, y aquí encontramos relaciones con el mundo tenebroso del Doctor Mortis. Del nacimiento sangriento del Drama, la muerte y resurrección de Dionisios, surge la Tragedia, cuyo eje es la vida y la muerte de los dioses y su estirpe (los héroes), y no es extraño recordar que el principal personaje dramático es el “protagonista” (protos, primera o principal, agonista, agonía o lucha por la vida) y la fuerza opositora es el “antagonista” (antos, contario o rival), por tanto la lucha por la vida, regida por el Destino, es el motor del conflicto. La Máscara era la posibilidad de encarnar al dios, recrear su pasión y posterior muerte, en torno al ciclo natural de muerte (siembra y cosecha)que era relejo (mito y rito)de la historia del dios. No se trataba de una simulación sino de una mímesis, la correspondencia virtual entre forma y fondo, entre actor y personaje. Ello es parte del rito y del relato fantástico, la suspensión de lo cotidiano en favor de lo extraordinario, lo numinoso y sobrenatural. De los restos del dios se esperaba su regeneracion y renacimiento, según historias apenas susurradas o aceptadas, al igual que en el caso de la Rama Dorada, el representante del dios era sacrificado y/o devorado por la comunidad, quien participaba así de estos misterios. Te preguntarás adónde dirijo mis palabras: de la misma forma cómo tú elaboras el sentido demiúrgico de Mortis, yo esbozo su sentido dramático (no olvidemos que la verdadera representación consiste en la superación de lo concreto por lo ideal). Mortis ha muerto como Dionisio; al igual que este dios, participa del ciclo natural de la vida y de la muerte, además de la transformación que es tan propia de ambos; de sus restos mortales se espera su retorno, a partir del ciclo generativo debido a sacrificios sangrientos y rituales iniciáticos(en el caso de Mortis, los oferentes son al mismo tiempo las víctimas propiciatorias, sus adoradores y su alimento); quien porta la cara del dios se convierte en él para mostrar al pueblo sus actos y palabras (en el caso deMortis, la muerte atroz y el poder de ultratumba, además de la sustitución de la personalidad “humana” por la del “zombie”, como ocurre con Magruder, por ejemplo);el rito de la agonía, la lucha de la vida contra la muerte, ocurre en los ciclos de dionisios perseguido por los cíclopes, transformado, capturado, sacrificado y devorado en forma del astado toro, proceso que se replica en la seducción y destrucción de los portadores de la Mascarilla, arrastrados al altar de la Mascarilla para servirle de alimento y, por simpatía mágica, a Mortis, de ahí su progresiva regeneración. El mismo Mortis sufre la persecución y destrucción de forma constante, reviviendo con igual reiteración, siendo en ocasiones víctima él mismo del Destino: la cruz que arroja termina empalándolo al final de un relato, al atacar a Sonter le revela cómo destruirlo con éter en otro, el perro de su víctima lo derrota en su historia inagural…No es menor el detalle que Mortis sufre de la misma Hybris, la misma desmesura y soberbia que los protagonistas trágicos (Edipo, Orestes, Agamenón,etc.) por lo cual la Moira, el Destino sobre los dioses, lo fulmina con tanta eficacia como a aquellos. Un sentido de equilibrio y justicia cósmica, dónde los errores gatillan una respuesta equivalente y certera: la codicia y latrocinio de Corradi, la desobediencia y tentación de Jean, la debilidad de Magruder. Kruger, el alemán, aparece como una figura carismática e intachable, un paladín de la vida que se enfrenta a los no-muertos, violaciones del orden natural del ciclo vida-muerte, detenciones del orden cósmico originados por Mortis, quien debiendo velar por la continuidad y equilibrio de la vida, muerte y renacimiento (demiurgo) ha quebrado la rueda de la creación al trastornar el orden de lo natural, de la vida, al trastocar lo vivo y lo muerto, confundiendo los nombres, los signos y las realidades, alimentándose del mismo río de existencia que debería restaurar o velar. Por ello ha perdido el nombre y la cara, por lo cual queda reducido en esta historia a una sombra de sí mismo. Es una ruina que necesita de un portador para robar la vida que ha perdido, llegando a perder el don del habla, de la creación y modificación de la realidad a partir del lenguaje, de la palabra, por ello Magruder se convierte en su portavoz frente al alemán. Es una pantomima cruel, donde el Doctor Mortis enmudece y queda limitado a ciertos gestos y expresiones, donde -adivinamos- trata de regresar a nuestro plano material, exiliado en la nada, de la cual fugazmente escapa levemente para terminar perdiendo su nexo, su puente con el mundo de los vivos: la Mascarilla.

    Siguiendo otro sendero interpretativo, en la Mascarilla nos encontramos con los temas del doble, del doppelganger, el reflejo oscuro que muestra la sombra junguiana (que en Mortis es tan evidente que nunca puede negarla o disfrazarla convenientemente): la Mascarilla es el reflejo material de Mortis, así como Magruder y Kruger conforman una dualidad complementaria (lo legal e ilegal, la voluntad férrea y la debilidad de carácter, la investigación y la erudición, el revelar misterios y el ocultarlos)donde uno y otro son planos del mismo ser, del mismo modo que son opuestos el Magruder viviente y el Magruder no-muerto. Se describe la Mascarilla como un semblante grotesco y siniestro, que sin embargo refleja una atracción que hace verla como una obra artística, una creación hermosa, “malignamente hermosa” dirían algunos cronistas del Maestro, al referirse a la fascinación que sufren los humanos al verla y tocarla. La Máscarilla refuerza la idea de la dualidad en sus dos rostros (curioso homenaje, por lo demás, a la tradicional simbología del teatro, la máscara sonriente de la comedia y la máscara trágica), además de su propia naturaleza: sustituye el rostro de su poseedor por el de Mortis, ella misma, no para transferir su personalidad sino para consumir la mortalidad y sustituirla por otra inhumana, no-muerta; Mortis queda reducido a un rostro, parodia de su poder, como tantas otras encarnaciones mortales (humanas y extrahumanas), y destruye los rostros de otros, destruyendo su individualidad para otorgarles la unicidad en la muerte (todos los zombies son iguales, excepto Magruder, quien conserva parte de sus facultades seguramente por la necesidad de Mortis de encarar a su enemigo verbalmente), reducidos a sombras de lo que fueron, como ella misma. El elemento destructor de la Mascarilla también es de naturaleza dual: es un elemento del quehacer científico (el uso que debiera darle Magruder) pero también filosofal, ya que el vitriolo está nombrado como uno de los componentes del Opus, la Gran Obra Alquímica, en su labor igualmente purificadora y separadora. De la Obra, la Vida misma, surge el proceso purificador, equilibrante, en manos de Kruger y el Vitriolo, el ácido (solve et coagula, disuelve y coagula, dicen los alquimistas). Siempre en torno al tema de lo doble, en el clímax dramático de esta historia, el enfrentamiento de Kruger y Mortis, primero retórico y finalmente físico (el diálogo y el uso del Vitriolo) Mortis se nos presenta en dos dimensiones: un rostro y las manos, la imagen personal y la acción, dos reflejos del ser interno en lo externo, en el mundo concreto que desea poseer y transformar en su propio reflejo, no-muerto y fatídico, y que le es ajeno por su esencia sobrenatral y blasfema (blasfemia a la vida, a la muerte, a la existencia misma). En esta escena vemos cómo el siniestro titiritero de los muertos revela algunos de sus secretos, al demostrar cuánto necesita de vivos y zombies como un parásito psíquico en sus estados más vulnerables y dañados, sin la majestad del dios oscuro de otros relatos, aunque mueva los hilos -y la garganta- de sus Hijos con la eficacia de siempre.

    Sobre los petcheneros, un velo de oscuridad los ha apartado de los grandes eventos de la historia hace siglos, pero mucho de su legado ha quedado protegido de los destructores efectos del tiempo gracias a vetustos y nobles cronicones, incunables y manuscritos de su autoría, donde sus conocimientos de las artes negras y del Maestro han servido de guía para muchos de los sabios e investigadores que se han opuesto al Maestro. Desde la declaración sobre el Doctor Mortis hecha por Amúlida Taúc, quien creo que fue una figura histórica real, quizás teñida de mucha leyenda o misterio como otros personajes considerados alguna vez fabulosos por los tiempos del raciocinio(como Arturo Pendragon)debido a numerosos testimonios escritos de su pueblo y de su propio puño y letra (El Libro Negro que rescataron Kosma y Libby en Karlsbad, el Tratado de Magia Negra y Demonología que había poseído Magruder, por ejemplo), el pueblo petchenero comenzó una confrontación contra Mortis, primero encubierta y después plenamente declarada. Esta enemistad se revela en la presencia de un puñado de estudiosos, investigadores, santones, brujos, alquimistas y guerreros que han interferido la malvada cruzada de Mortis contra la Humanidad y la Vida. Esta lucha ha llegado hasta nuestros días, cuando Mortis mataba a los escritores de terror europeos, a pesar de los esfuerzos de un extranjero de ascendencia oriental, turca aparentemente, quien viajaba por el mundo previniendo a algunos de estos autores de la amenaza del Doctor Mortis, exhibiendo una fuerte influencia entre las policías locales que parecía provenir de una especie de organización oculta tras él, con vínculos con las altas esferas del poder civil y policial. En el último de sus casos, este hombre se identificó como descendiente del pueblo de los petcheneros, agregando además que su gente estaba ligada de alguna forma con el destino de Mortis y sus obras, dedicándose a combatirlo. Aparentemente, en la raza petchenera existe una sensibilidad hacia el mundo de la magia negra y del ocultismo, un atavismo que los llevaría a detectar las presencias del Maestro, lo cual los convertiría en peligrosos enemigos suyos. Esa habilidad innata de ellos habría resultado interesante para Mortis en un principio, debido además de la capacidad de comprender mucho del mundo espiritual presente también en los petcheneros, por lo cual en un principio decidió atraer a algunos de los más sabios y poderosos en las artes negras, entre ellos al anciano Amúlida Taúc. Invitado al antro del Maestro, Taúc huyó horrorizado ante cosas que nunca se atrevió a poner por escrito pero que afectaron su alma al punto de dedicar sus últimos años a descubrir los modos de derrotar su maldad, dejando diversos testimonios escritos que fueron copiados por escribas comprometidos con el secreto de su obra, con numerosas claves y mensajes esotéricos o crípticos. Amúlida Taúc, a través de sus estudios alquímicos y sus conocimientos en la magia, pudo sintetizar parte del ectoplasma maligno de Mortis a partir de experimentos hechos en los restos de zombies destruidos, buscando desentrañar su verdadera esencia entre los matraces y retortas de su laboratorio-calabozo, pero decidió llegar más allá. El anciano logró obtener los restos mortales de una de las encarnaciones humanas del Doctor Mortis, sepultados en terreno no consagrado, lo que significó otro logro de su arte esotérico: descubrió en esas ruinas mortales las trazas de la mancha grisácea, la abominable sustancia que devoraba a vivos y muertos, que pudo encerrar en sus recipientes alquímicos para encontrar la forma de desterrar del mundo a Mortis, rompiendo el vínculo entre su espíritu infernal y lo material. Para su horror, descubrió que aquella cosa vivía y sus últimos momentos, según el testimonio de Barberis a Mateus y Brun, fueron atroces al liberarse el monstruo que en su terror identificó con Mortis. Los petcheneros conservaron la obra del anciano celosamente, enriqueciendo sus estudios con mayores investigaciones en los terrenos de la magia y lo sobrenatural, hasta que se tropezaron con la historia de la Mascarilla de Mortis, otro de los temas investigados por el alquimista. Los petcheneros descubrieron que los caballeros templarios que habían renegado de la Iglesia y se habían abandonado a las prácticas satánicas habían confeccionado la Mascarilla siguiendo las inspiraciones de Mortis, adorándola como “el dios del Rostro del Mal” hasta su destrucción a manos del poder seglar. Esa Mascarilla había sido mencionada en algunos textos de Taúc, como el “rostro” de Mortis, lo que lleva a considerar el grado de conocimiento ocultista de Amúlida, quien se refería a la Mascarilla como parte de Mortis, insinuando que él había colocado una parte de sí en ella como una forma de escapar de la destrucción definitiva (no la única, realmente)al alimentarse de sus portadores y revigorizar ese fragmento de su alma malvada. Esta reliquia sería el prototipo de otros horrores, como la mortaja, el espejo, los bisturíes y demás objetos malditos de Mortis. Ella compartía la naturaleza del ectoplasma y de la mancha grisácea, un hambre y una sed de vidas humanas insaciable, además del don de reactivar los cuerpos de los muertos bajo su influencia (se susurraba que habría recibido los dones de Mortis, disfrazado como Bafomet para obtener la adoración y apoyo de los templarios, gracias a su ciencia diabólica). Abandonando las prácticas negras por la adoración del dios cristiano del signo o el regreso a las prácticas chamánicas y elementales de la naturaleza de las antiguas culturas europeas (las raíces de la brujería moderna), los petcheneros unieron el poder de distintas creencias para fortalecer sus luchas contra Mortis. Ello llevó a salvar del fuego y del Index a muchos de sus estudios, incluso algunos fueron copiados por los propios clérigos durante las eras oscuras de las cruzadas heréticas e inquisitoriales, pero jamás fueron parte de la Inquisición y sus Manuales (Malleus Maleficarum) sino de otros movimientos de órdenes guerrras-religiosas. Los caballeros cruzados las transportaron por gran parte de Europa, mientras que varias bibliotecas con textos petcheneros florecieron en Kirtia, Bosnia, Karlsbad, Walleusteufen y otros lugares que en los siglos posteriores alcanzarían triste fama por las hazañas perversas de Mortis. Actualmente, el padre Libby aún conserva el Libro Negro de Amúlida, regalado por el padre Kosma, mientras que en Alemania el ya anciano Franz Kruger atesora varios textos petcheneros, incluyendo el de su hermano Otto y Magruder. La inspiración que Amúlida Taúc ha dado al padre Libby es innegable en la guerra emprendida por este sacerdote contra Mortis, y se supone que en la “Isla Sepulcro” o “Isla Mortis” el aporte material y mágico de los actuales petcheneros para contener ha Mortis ha sido la principal barrera para su liberación, tras reconciliarse con la Iglesia que tanto los persiguiera, injustamente o confundida por los agentes de Mortis. Ahora, seguiré analizando qué rostro está tras el rostro de la Mascarilla… y de Mortis.

    Se despide atentamente

  • Anarkángel said:

    Estimado Fonzeta,

    No pocas veces he contado que el proyecto para revivir a Mortis se encuentra sembrado de sincronias, fabulosas coincidencias que le otorgan un sentido cuyo origen se me escapa.

    Hace un tiempo les conté que con Carlos Reyes estamos delineando esa historia de origen de Mortis. Los petcheneros tienen su lugar en ella, y su relación con el Testamento es muy parecida a la que planteas tú. Con Carlos somos muy cuidadosos de no quitar esa indefinición tan cara al personaje de Juan Marino, pero cuando se dan esas concurrencias, cuando sin mediar contacto previo dos o más personas llegan a conclusiones similares no podemos dejar de considerarlo una buena señal.

    Tienes razon acerca de la idoneidad de John para esta tarea. Espero que pronto podamos reunirnos para concretar algo al respecto.

    In Nomine Mortis

  • fonzeta said:

    Estimado John Toro:
    despues de leer tu misiva solo me resta reconocer que, la pluma en tu mano posee la destreza del maestro espadachin con un florete en su mano; felicitaciones a tu versatil y aguda inteligencia vertida en tu respuesta.
    Tus acertados comentarios son verdaderas fuentes-matrices de informacion que permiten a legos del oscuro mundo del Doctor, como yo, seguir investigando y adentrarse -cuidadosamente- por aquellos derroteros que tu, caro cofrade, nos guias a traves de tus ensayos.
    Se despide con un fuerte abrazo
    Fonzeta, cofrade

  • John Toro said:

    Estimado Fonzeta:
    Agradezco los elogios que demasiado generosamente me has brindado en tu último mensaje. Respecto a mi pluma, te recuerdo que gracias a tu crítica anterior (amistosa y constructiva como siempre)decidí mejorar mi propio comentario, así que has sido un buen acicate para mi prosa. Destaco que te has lucido con la reciente clase magistral que dictaste a propósito del episodio número 17 del Siniestro Doctor Mortis. Ello te aleja, por mucho, de la categoría de lego y te convierte en un buen referente para nosotros los Cófrades, viejos y nuevos, en la categoría justa que mereces, la del erudito y experto. Tus comentarios, verdaderos ensayos, dan una luz propia a los viejos y maravillosos horrores de Don Juan Marino, el verdadero Maestro de este Portal y de nosotros, sus admiradores. Saludo tu modesta sabiduría, que abre otros caminos para que otros los recorramos, bajo tu oscura y maléficamente sabia guía, hacia derroteros que podrían hacer temblar hasta al cófrade más curtido en el territorio del horror y el espanto. Que tu filosofía del Mal, tu Hermenéutica del Espanto y tu Metafísica de Ultratumba, sigan compartiendo valiosas perspectivas en el reino del Maestro: buscando el arquetipo del símbolo del Doctor Mortis, te acercas a su velado rostro y a sus verdades(¡Felicitaciones!)con un afán y con la pericia de un auténtico exégeta. Si hubiera un descendiente del pueblo petchenero en este portal,debe ser Fonzeta. Gracias nuevamente, “Fonzeta-Taúc”.

    In Nomine Mortis,

  • Alvaro ilustrador said:

    Aún recuerdo aquellas noches cuando, de niño, yo aún vivia en el campo y por radio onda corta llegaban transmisiones del dr. Mortis…
    Ahi , en la oscuridad y con mucha interferencia, escuchaba el programa y despues no podia dormir.
    Je, je, hoy por hoy me encanta el terror!!
    Visita la web de un ilustrador admirador del dr Mortis: http://www.ilustrador.tk

  • Morgentyss said:

    Una cosa curiosa de la historieta de la Mascarilla del Doctor Mortis es cuando el doctor Magruder es atrapado por la Mascarilla y aparece su rostro devorado como una calavera con barba y bigotes. Es muy grotesco y divertido el efecto de esta imagen.

  • jose luis galarce said:

    Estimada María Verónica, no se si sabrás, pero la mayoría de las historietas del dr. Mortis que están disponibles para todos Uds. en esta excelente página, son un aporte desinteresado de un grupo de admiradores de la obra del maestro que estamos trabajando para mantener el blog siniestrodoctormortis.blogspot.com del cual pueden bajar y disfrutar de todo lo que vayamos colocando. Nuestro sueño es llegar a recuperar la totalidad de la colección en formato digital. Por supuesto que nos interesa el Nº 1, lo hemos buscado con ansias, si puedes escríbe a siniestrodoctormortis@gmail.com o jlgalarce@gmail.com para ver como podemos coordinar tus aportes, al igual que los de todos aquellos que quieran colaborar. Hasta ahora sólo hemos subido material de propiedad de mi amigo Charlysoft y mío, pero no lo tenemos todo y pretendemos que algún día se realice esta fantasía, como dice Don Francis. Necesitamos de todos Uds.
    A propósito, aprovecho de publicitar la página de mi amigo Charly, en la cual tenemos otras joyitas Zig Zag, Lord Cochrane y Novaro. La dirección charlycueva.blogspot.com
    Contamos con Uds.

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