El Siniestro Dr. Mortis Nº45
“La Legión Maldita del Dr. Mortis”
Portada: Aros
Dibujos: Máximo Carvajal
Resumen: En el fuerte Kebir de la legión extranjera Francesa en el Sahara, los legionarios avistan un contingente armado que se acerca. Sospechan de los beduinos y el Tte. Binout envía dos jinetes a investigar. Pasan las horas y los expedicionarios regresan muertos sobre sus monturas. Clavada a la espalda de uno de los cadáveres encuentran una nota:“Teniente Binout: No oponga resistencia. La hora ha llegado. Mortis”.
Al atardecer, Binout se apresta a enviar al Legionario López con un mensaje de auxilio al Fuente Surdez, pero en ese momento se ven rodeados por un grupo enemigo conformado por beduinos y legionarios. López parte enseguida y cuatro jinetes enemigos tratan de interceptarlo. Desde el fuerte acaban con dos de sus perseguidores, matando a sus caballos, pero el resto parece ser inmune a los certeros disparos. López comprueba que los jinetes no caen, a pesar de ser impactados. A la luz de la luna llena, López descubre que uno de los jinetes es un esqueleto y presa del terror escapa. El fuerte Kebir es derrotado.
En el cuartel general de Surdez, el capitán Pelliser ordena al Sargento Cranston que averigüe lo sucedido a una patrulla de diez hombres enviada al fuerte Kebir al mando del Tte. Binout y de la que no se han tenido noticias. Pelliser recibe un mensaje en que se le pide reciban al teniente Martini, especie de detective y estudiante de medicina, que ha de visitarlos. A su arribo, el Tte. Martini revela que su misión es la de capturar a un científico que se hace llamar Dr. Mortis, Se le ha visto en Argelia y ahora se le supone oculto en algún lugar del desierto reclutando cadáveres para su propio ejército. Desde hace mucho tiempo Mortis se ha visto envuelto en macabros hechos relacionados con la resurrección de muertos en diversos lugares del mundo y se cree que sus huestes, ocultas en alguna parte del desierto, deben ser numerosísimas. Cranston y Pelliser no pueden dar crédito a las palabras de Martini.
Un desfalleciente López llega al fuerte de Surdez. Cranston envía un grupo a la búsqueda de otros legionarios. Al ser interrogado, cuenta lo del ataque a Kebir y de cómo fue perseguido por un esqueleto. Los vigías avisan de la cercanía de un grupo de legionarios que parecen ser del fuerte Kebir. Se envía a Orlet a su encuentro. Pelliser ordena prepararse para cualquier sorpresa. Orlet es asesinado por un grupo de esqueletos. El Tte. Martini sugiere hacerles frente con el fuego, única arma eficaz en contra de ellos. Franquean la entrada a los zombies de Mortis sobre los que lanzan barriles de pólvora y teas ardientes. Los no muertos arden presa de las llamas. Pelliser pide órdenes al cuartel general y recibe un mensaje en que se le otorgan amplios poderes para capturar al peligroso Mortis. Martini propone simular un ataque frontal al Kebir en el que él, junto a Cranston fingirán ser muertos, ingiriendo una pastilla de curaré que paralizará momentáneamente sus reflejos, de modo de engañar a Mortis y penetrar sus defensas. El plan se pone en práctica y ambos soldados fingen caer muertos en pleno asedio al fuerte Kebir. Según el plan, el resto de los legionarios huyen. Un hombre alto, delgado, de rostro cadavérico y vestido de explorador, sale del fuerte y se acerca los caídos. Susurra extrañas palabras cabalísticas que resucitan los cadáveres. Cuando llega el turno de ambos legionarios, Martini empuña su revolver, pero es acribillado por tres hombres que hasta hace pocos minutos eran cadáveres. Cranston sigue fingiendo. Cuando Mortis se le acerca, y está a punto de descubrirlo, la aparición de un aeroplano hace que Mortis ordene a sus tropas volver al fuerte. Cranston, venciendo su asco, se finge cadáver y entra en el fuerte.
Mortis arenga a sus huestes: “¡Hijos de la muerte! Somos trescientos soldados, la décima parte de mis huestes y mañana atacaremos el fuerte de Surdez. Y así poco a poco nos apoderaremos del desierto… después de los continentes, y por último del mundo entero. ¡La hora de los muertos está próxima! ¡Yo, Mortis, seré amo y señor de la vida y la muerte!”. Cranston es descubierto cuando tropieza con una cadáver y su caída es propia de un ser humano vivo. Mortis se apresta a matarlo cuando irrumpen dos aeroplanos que lanzan balas flamígeras sobre los zombies. El fuego acaba con las huestes de no muertos. Tropas de legionarios, al mando del capitán Pelliser, derriban el portalón y entran al fuerte.
Mortis abandona a Cranston y huye hacia la casamata sin que las balas del soldado hagan mella en él. Cuando los legionarios se proponen derribar la casamata para capturar a Mortis, ésta arde en llamas y se derrumba. Cranston supone el fin de tan siniestro personaje. Los legionarios, al son de la corneta que toca a silencio, abandonan el destruido fuerte. En ese momento desde la derruida casamata, emerge un enorme vampiro negro que se aleja del lugar.

…Cranston es cescubierto cuando cae como un ser humano vivo, no como un cadáver. Si los detalles hacen el estilo. aquí tenemos un detalle con estilo. Esta escena me recuerda la del baile en The Fearless Vampire Killers (La Danza de los Vampiros) de Polanski.
Una historia Mortis sumamente atmosférica. El mundo se transforma en una pesadilla en la dirección de la antitopía mortisiana: la Tierra (no)muerta.
En este relato la HORDA de Mortis, el ejército de los No-Muertos hace su aparición en las tierras desérticas vigiladas por la Legión. Este es el mismo ejército espectral cuya futura aparición provocará el destierro espacial del Siniestro, por obra del Padre Libby y los científicos del mundo asolado por sus fuerzas ultraterrenas. Una fuerza que ningún poder o artilugio mortal es capaz de detener, menos de neutralizar.
Las Legiones de la Tumba, además de zarpas y colmillos, son capaces de esgrimar y utilizar las armas que conocieron en su vida mortal, a la hora de eliminar a sus adversarios y engrosar sus huestes fieles a Mortis. Su inexorable asedio de las aisladas fortificaciones militares de los legionarios va estrechando el cerco que asegura los propósitos del Monstruo que es su Creador y Señor.
En numerosos mitos, las huestes de no-muertos han recibido diversas denominaciones: La Compañía Gris, La Caza Salvaje (Wild Hunt), La Caravana Negra, El Ejército de los Muertos del Ragnarok, La Cabalgata Oscura, la Comitiva de las Hadas, etc. Común denominador entre ellas es su costumbre de recorrer en forma nocturna los caminos y pueblos aislados de los seres humanos, cazando o devorando a los desdichados viajeros que se cruzan en sus rutas condenadas, o erigirse en formidables oponentes de dioses, semidioses y paladines en diversas historias. Una variante “positiva” del ejército espectral se refiere a los “Durmientes”, nobles héroes de otrora que, después de varios siglos, duermen un sueño mágico del que podrán despertar para defender a sus reinos de futuras invasiones: Osián y Arturo de Bretaña.
El fuego, aquí presentado como elemento purificador, es el arma más eficaz para diezmar a las fuerzas de ultratumba, cuyas carnes y huesos no muertos son incinerados por los humanos. Los “Hijos de la Muerte”, así llamados por su dantesco señor, terminan como unas humeantes piras, mientras Mortis aparentemente cae en el holocausto, para reaparecer con su clásico aspecto metamorfoseado de gigantesco vampiro, entre las ruinas para recomenzar su diabólica cruzada contra la vida.
Mortales rodeados por ejércitos de revenants. Un tema que fue del agrado del ciclo zombie del gran George Romero y sus numerosos imitadores, de la película “Ejército de las Tinieblas” (saga Evil Dead), de “La Niebla” de Carpenter, del cuento de los Ghouls de “El Club de los Monstruos”, entre otras delicias de ultratumba.
Que Descansen en paz por esta Noche…
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