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Luis Alarcón: “Mortis me llena de buenos recuerdos”

10 Agosto 2009 views 443 One Comment

c9Aprovechando que este viernes 14 de  Agosto, a las 19:30 hrs. en la Sala Ercilla de la Biblioteca Nacional  concluye el festival: Viñetas del fin del mundo” , ocasión en que se estrenará el cortometraje: “EL CIRCO DE LAS LUCES”, film basado en una historieta del Dr. Mortis,  es que les ofrecemos esta entrevista que realizamos en plena filmación de la película.

Es fin de semana. En la escuela de Arte de la Universidad de Chile se está rodando el cortometraje “EL CIRCO DE LAS LUCES” , basado en “CIRCUS”, historieta de Brian Wallis y Francisco Inostroza, pero el proyecto es realizado por “Falso Mártir”, un colectivo de estudiantes del Diplomado de Realización Cinematográfica de la Universidad de Chile.

El set está lleno de una escenografía pintada en el suelo y de tinglados de cartón piedra que simulan las gradas del singular circo de la historia. Ecos del expresionismo alemán en la puesta en escena y en el maquillaje de los actores aluden al “Gabinete del Dr. Caligari”.

Nos colamos en medio del rodaje y nos alejamos prudentemente del set principal para conversar con el actor encargado de encarnar al padre Hans Libby. Se trata de Luis Alarcón, el reconocido actor nacional con decenas de films en el cuerpo y que nos cuenta que tenía tan sólo 16 años de edad, cuando en 1946 trabajó con Juan Marino en el radioteatro del Dr. Mortis. Según lo que sabemos, el radioteatro habría empezado un año antes, según lo recordaba el propio Juan Marino, en la austral ciudad de Punta Arenas, más precisamente en la radio Ejército.

Rapidamente el actor abre la conversación aportándonos un nuevo dato: “Yo creo que empezamos el año 1946, por ahí leí que era el año 47 y no es cierto, fue el 46 porque ese fue el último año que estuve en Punta Arenas” y agrega: “El proyecto fue cortado por el comandante en jefe del ejército de ese tiempo porque decía que los niños se asustaban mucho (Risas) Y no sé que niños serían, porque el programa lo dábamos a las 11 de la noche. Yo creo que el comandante se asustó (Risas)

- ¿Cómo conociste a Juan Marino en aquella época?

- Bueno a Juan Marino lo conocía porque su familia vivía en Puerto Natales muchos años, tenían una tienda allá. Juan era amigo de mis hermanos mayores, así que las familias nos conocíamos. Y siempre Juan dijo que… Johnny… (Sonríe al recordar el cariñoso apodo) que a mí me conocía desde que había nacido. Y yo creo que era cierto, puede ser. Yo nací el año 29.

- ¿Habías estudiado teatro ya en ese momento?

- No. Yo nunca he estudiado teatro.

- ¿Don Juan sugirió que hicieras un rol en el radioteatro? ¿Cómo fue?

- Yo trabajaba en la radio Ejército haciendo radioteatro histórico y después me contrataron como locutor y tenía varios programas. Finalmente entró Juan a trabajar con nosotros y empezamos a hacer el Dr. Mortis. El personaje lo hacía un actor de allá, Enrique Wegmann, él hacía Mortis y la risa. Juan dirigía y, de vez en cuando, hacía uno que otro personaje.

- ¿Esa primera historia fue el castillo de los Bankhaill? ¿Lo recuerdas?

- No me acuerdo nada.

- ¿Cuáles eran los papeles que habitualmente hacías?

- Yo era los galanes que eran devorados por los monstruos o los mataba alguien. Los galanes a los que siempre les pasaban cosas. Era muy joven y tenía que hacer un joven. No caracterizaba.

- Cuando Juan Marino llega a Santiago y trabaja en varias radios con el Dr. Mortis ¿Participas tú en ese momento?

- Sí, cómo no y no sólo en el Dr. Mortis. Trabajé en alguna seriales de Sherlock Holmes haciendo el Dr. Watson. Y también tenía algo que ver Juan con ese programa en la radio… ya no me acuerdo.

“UN HOMENAJE A MORTIS”

- Y ahora 53 años después, estás haciendo un cortometraje como el padre Libby, un personaje creado por Juan Marino y en un homenaje al Dr. Mortis.

- Por supuesto. Me parece muy bien y esa fue una de las razones por las cuales yo participé y la otra razón es porque me gusta el guión. Lo encuentro muy interesante y por supuesto por hacer un homenaje a Juan a quién no ví en el último tiempo. Me gusta, me llena de recuerdos, de buenos recuerdos.

- El padre Libby fue un personaje que Don Juan usó varias veces en la serie, para nosotros se ha convertido en un personaje importante. Fué Libby quien lo capturó y se convirtió en una especie de archienemigo de Mortis.

- Yo ni lo conocía. Sí, incluso Juan también me quiso entusiasmar para hacer una gira con él en la obra de teatro, pero ahí no me dió el cuero.

- ¿Y en el programa de televisión de canal13?

- No, nunca. En la radio no más y mucho.

- ¿Leías historietas en los años 60 y 70? ¿Eras aficionado?

- No. Cuando tenía 7 años era aficionado a los comics, El Tony, una revista argentina. Pero después se me quitó aquí en Santiago.

“EL JOHNNY”

- ¿Cómo es Juan Marino en tu recuerdo?

- Juan Marino era un tipo muy bueno para la talla, simpático… cómo podríamos decirlo, bueno para convencerlo a uno de hacer cosas. Sí, y además muy atractivo como persona, porque sabía tanto de Jazz, además tocaba un instrumento. Era un personaje interesante. Yo conocí a un hermano, no sé si mayor o menor que él, Antonio. Era un hombre callado, para adentro, no tenía nada que ver con Juan. Por algo le decían “El Johnny”, porque era bueno para la talla, para el chiste, para la ironía. Y tenía una gracia muy grande y es que trabajé siempre gratis para él (Risas)

- Tenía grandes poderes de convicción…

- Y siempre me dijo: “Noooo, que te voy a pagar, si yo te conozco desde que  naciste” (Risas) Ese era el truco, claro. Y trabajé mucho con él.

- ¿En que año estuviste en el radioteatro en Santiago?

- Aquí en Santiago no me acuerdo tampoco, pero debe haber sido en el 55 o 56, por ahí.

“LA LEYENDA DE MORTIS”
- Tú que has trabajado en tanta película chilena ¿Por qué hay tan pocas películas de terror en Chile?

- Bueno porque el género no se maneja aquí. Yo he hecho tres películas de terror con ésta, tal vez cuatro. Hice “Chilean Gothic”, hice una de un muerto que…

- “El Testamento del Sr. Torres” de Jorge Olguín.

- Exacto. Pero no la he visto nunca, ésta y una casi de terror, un cortometraje que acabo de hacer sobre un cuento de Kafka, que tiene algo de terror…

- “Toto” de Pablo Stephens, un corto que hicimos en el sur.

- Claro, claro, que me gustó mucho hacerlo y éste que tiene un ambiente que me hace recordar muchas cosas por supuesto, de cómo hacíamos el radioteatro en Punta Arenas.

- ¿Cómo lo hacían?

- Para hacer el Dr. Mortis nos paseábamos por todo el estudio. El estudio de la radio Ejército era grande, como un auditorio. Lo dejábamos sin sillas y nos paseábamos con cadenas, las amarrábamos a los pies y nos paseábamos haciendo ruido de cadenas por todo el estudio, de una ambiente a otro. Habían unos ventanales antiguos con vidrio y nos encantaba romper los vidrios. Hacíamos todos los efectos reales. Nos daba un miedo espantoso a cierta hora (Risas) Como a las doce de la noche, esto era en directo, esto no se grababa, daba miedo en la noche después. Y siempre con muy buen humor, con mucho humor. Lo pasábamos bien. Fue una gran experiencia para mí y la recuerdo con mucho gusto, aunque no me hayan pagado nunca (Risas)

-  ¿Recuerdas la recepción que tuvo en el público?

- Sí. Hubo buena recepción. La radio Ejército tenía un auditorio principalmente extranjero, porque trabajaba en onda corta y media. Después se llamó Emisora Militar Austral, pero a mí me gustaba mucho que se lllamara radio Ejército. La creó un gran militar, el Gral. Ramón Montalva, que había sido actor alguna vez en su vida y que pensó que sería una buena instancia de soberanía, tener una radio que llegara a todo el mundo. Y recibíamos correspondencia de Suecia, de Australia… Era impresionante recibir cartas de Europa por ejemplo. El Dr. Mortis lo escuchaba mucha gente también en Punta Arenas. Yo creo que por eso a mi comandante no le gustó (Risas)

- ¿Después de esa cancelación es que Juan Marino viaja a Santiago?

- Sí, por ahí se cuenta que habrían querido que la gente de la radio se uniformara también y que al saber esto, dicen que Juan se las hechó para Santiago. no quiso tener uniforme. Me parece raro, porque no se puede uniformar a gente como eramos nosotros, empleados particulares del ejército. No eramos militares. Participaba de la vida de la oficialidad por supuesto, pero no era militar. Así pues, no sé si es una leyenda más del Dr. Mortis.

Para más info y fotos sobre el cortometraje pueden visitar la página: circo.mortis.cl

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One Comment »

  • Raúl Tapia said:

    En la entrevista realizada al notable Luis Alarcón y señalada más arriba, se hace mención a un radioteatro de Juan Marino que llevaba por título “El Castillo de los Bankhaill”. Fue a finales de los año 50 en que “intruseando” en la radio de mi viejo, descubrí al Siniestro Dr. Mortis y creo fue en la Radio Yungay que se situaba al extremo izquierdo del dial. Me parece que fue ayer y recuerdo que en esa oportunidad se transmitía el Capítulo Nº 24 de esa historia, que además era el último (creo la más larga del querido Maestro o al menos una de las más extensas). En mi memoria quedaron grabados algunos términos de la misma. Fue la primera oportunidad en que escuché la palabra “No-muerto”, (La segunda vez fue en “Drácula”, novela que leí por esa misma época). Obviamente Juan Marino tomó prestado este concepto de la historia de Stoker, pero para ese entonces yo lo ignoraba y asocié esta definición como propiedad de Marino.
    La historia en sí era bastante siniestra y al parecer, ya que posteriormente jamás supe de ella, trataba de zombies o algo parecido. En principio, de una maldición familiar que condenaba a los muertos de dicho núcleo, a llevar una vida siniestramente antinatural después del fallecimiento de sus componentes. Condenados a vagar eternamente por los sótanos del castillo, sin esperanza de redención, se movían dentro de un espacio limitado haciendo más tenebrosa sus horribles existencias. También grabé en mi memoria, que el hijo del Noble que habitaba dicho edificio, se denominaba “Eric”, nombre que desde aquel instante y al escucharlo posteriormente, me hizo sentir por años un cierto desasosiego.
    Hermoso recuerdo del gran Juan Marino.

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